domingo, 14 de marzo de 2010

DÍA 57: ESTOCOLMO

Día 57

Despertamos a las 7 de la mañana, hora finlandesa, por lo que nos volvimos a acostar. No sé de quién fue la idea de bajar a desayunar tan temprano, pero me jodió bastante.

Bajamos al buffet del desayuno, pagamos y entramos. Nos sentamos Alba y yo solas en una mesa porque los demás se olvidaron de nosotras. Tomamos un desayuno ligerito: café y zumo, bacon, albóndigas, fiambres, yogur, fruta. Desayuno sano donde los haya.

Terminamos y nos fuimos a nuestro camarote, para prepararnos para la visita turística a Estocolmo.

A eso de las 9.30 el barco paró y nos bajamos, tomamos tierra y nos fuimos a coger el metro. Sellaron nuestra tarjeta de Estocolmo y nos subimos una parada, nos bajamos y el mismísimo estaba más perdido que su puta madre. Nos llevó por el camino equivocado, subiendo y bajando las escalaras más largas de la historia. Una vez fuera del metro, cogimos un autobús. Y el conductor no era otro que el doble de Pau Donés. Así que le recordamos cantándonos una Flaca, a lo que un hombre, viejete, pelo blanco, nos dice: "anda, Pau Donés". Y pensamos, juer, internacional a tope Jarabe de palo. Encontes se acerca y nos saca el móvil y nos dice "¿sabéis quién es este?" y nos enseñó una foto de él con el cantante de M-Clan, entonces dedujimos que el hombre sueco no era. El tío decía que era el manager de Jarabe de palo y de M-Clan, no sabemos si creerlo o no, pero hace ilusión encontrar españoles por el mundo. Era un matrimonio que habían venido a ver a su hija que estaba estudiando en Estocolmo. Valencianos. Se despidieron con un "no comáis mucho pescaito frito", y nos bajamos del bus.

Llegamos a un museo donde había un barco vikingo, que contaban la historia de Vasa o algo así. Muy interesante todo, ameno.

Tras la visita nos dividimos. Las rusas se fueron por un lado y nosotros nos fuimos a ver el museo Nobel, bastante aburrido y que provocó la ira de la enterailla local.

Vimos una imagen curiosa, cienes y cienes de personas uniformadas haciéndose fotos en una plaza, una especie de graduación o algo así pensamos que sería.

Entonces nos fuimos de compritas por la calle de las tiendas. Y nos volvimos a dividir, las polacas y los dos rusos por un lado con el mismísimo, y Alba y yo con los niños.

Fuimos al museo medieval, dimos paseitos por la ciudad y acabamos comiendo en McDonalds.

Nos fotografiamos en la puerta del Zara de Estocolmo.

Nos fuimos a comprar comida para por la noche y compramos tabaco. 4.50€. Muerte y destrucción, pero un día es un día.

Volvimos a la plaza donde habíamos quedado, y nos esperaban 45 min de caminata hasta el metro, pues el mismísimo Louis no quería coger autobuses, por si nos perdíamos.

Nos encontramos en el metro a unos argentinos, pero no les hablamos ni nada, que nos daba cosilla.

Casi cogemos el metro equivocado, se conoce que el Loius estaba más perdido que otra cosa, pero al final conseguimos llegar al puerto sanos y salvos.

Entonces, ya en el barco, la gente se fue a dormir. Yo lo intenté con todas mis fuerzas, pero no pude, así que me fui a ver atardecer a la cubierta. Me quedé con las ganas, pues se cubrió el cielo de nubes y lo único que hice fue darme un paseo y cigarrito. Volví a la habitación pero seguían duemiendo, así que me duché y me fui a ver tiendas. Luego otro paseo para comprar bebida, y cuando digo bebida digo Salmiakki. Luego me fui con Ángel a comprar chocolate, que se le antojó.

Entonces llegué a la habitación, Alba despertó y nos fuimos a cenar otra pasta con carbonara.

Al volver a bajar a los camarotes empezó nuestra noche con un chupito de Salmiakki. El resto, aunque confuso, es cuanto menos una locura.

Chupito de Salmiakki, otro y otro, y sidra. Nos fuimos a la habitación de los chicos, y Alba empezó a darle ella sola al Salmiakki, y dale y dale que ya solo quedaba media botella. Yo con sidra y cerveza, y en general cualquier cosa que me daban.

Entonces nos encontramos con los rusos, el hijo de Vladimir Putin y los de las gafas de sol.

Varias subiditas a fumar, nosé en qué momento se nos acabó el tabaco, pero la gente nos daba y liábamos cigarros, todo era felicidad. Sevillanas en los pasillos.

En la puerta de la habitación de los austriacos, sentadas en el pasillo y bebiendo, Ángel tirándonos patatas, patatas hechas mijillas en el suelo. La gente pasando y nosotras apartándonos como podíamos, la botella de Salmiakki acabaica, hartica de vivir, Alba se la terminó sin que me diera cuenta.

Subimos a fumar y vimos a un trabajador del barco, que al vernos con el cigarro en la boca nos dijo en inglés: "hay sitio para fumar arriba" y le dijimos que sí, que a eso íbamos. Se nos quedó mirando con cara de buena persona, sonrisilla pícara, y le comenté a Alba: "pues míranos y ríete". Alba se rió, y el personajillo, con acentillo del sureste europeo, dijo: "¿habláis español?". Nos quedamos flipadas, el tío rumano y hablando en nuestra lengua. Fantástico.

Fumando, nos encontramos con los rusos, que nos dijeron que si por favor les podíamos cantar nuestro himno nacional. Y ahí que se nos ve, ciegas perdidas, en la zona de fumadores, gente pasando y nosotras sin vergüenza ninguna, entonando el himno español. Luego les tocó el turno a ellos, y nosotras intentando también imitarles, pero el ruso es una lengua que todavía no dominamos del todo.

Bajamos y otra vez nos quedamos sin sitio en la habitación de los austriacos, y realmente, para que el Peppi se tire toda la noche diciéndome fulana comepollas, prefiero sentarme trannnquilamente en el pasillo. Y así lo hicimos. Y entonces aparecieron: dos rusos más, esta vez sin gafas y con caras de tontos. Uno nos preguntaba que porqué estábamos en el pasillo, que si queríamos ginebra, que si nos íbamos a su habitación. El otro avergonzaico perdío, le decía a su compañero "vámonos que no tienes nada que hacer" y el otro le contestaba "espera, espera, que aún caen". A lo mejor, oye. Pasaron unas cuantas veces más, pero ya pasando de ellos, y cuando nos fuimos a fumar y nos siguieron, nos pidieron un cigarro, tuvimos que decirle a Simon que nos protegiera, pues el miedo se apoderaba de nosotras.

Entonces llegó el momento de ir a la discoteca, y allí que le tiramos con Tom, Rufinillo y las rusas. Llegamos al piso 12 y podíamos elegir dos caminos: por dentro del barco o por fuera, para llegar a la disco. Elegimos ir por fuera, con la suerte de que nos encontramos un carrito de la compra, y Alba se subió y yo la llevé, ante la impresionada mirada de los demás.
Llegamos al sitio y unos seguratas nos miraron con cara de matar, así que dejamos el carrito y se lo llevaron a una esquina.
Subimos, y solo al ver que no estábamos demasiado ciegas, a pesar de lo que habíamos bebido, decidimos ir en busca de más alcohol a la habitación de los austriacos. Allí nos encontramos con Simon y Richard, y tras un hábil "hui que sed me ha dado de repente", nos sacaron unas latillas de Lapin Kulta que nos tomamos fumándonos un cigarrito y bailándoles unas sevillanas. Volvieron los rusos de las gafas, y nos hicimos más fotos con ellos, más majos que otra cosa. Y otra vez nos fuimos a bailar. Como no nos habíamos terminado las cervezas, nos sentamos en un pasillo trannnquilamente y le comentamos a Richard que su nombre en España es, cuanto menos, merdelloncete. "Aaaay con er Richi". Más o menos así, y otro al que no se le entiende cuando habla. Pero bueno, llegamos a la planta de la discoteca y ya en este punto estábamos harticas de vivir, nos echamos al suelo a hacer breakdance, cantando, bailando y de repente, sin previo aviso, se nos acercan dos chicas: las chicas PINTADAS COMO PUERTAS, las mismas del autobús. "¿Vosotros sois los españoles?, ¿Conocéis a Heli?"
Un momento, ¿qué Heli?.
Resulta que la niña no era otra que la mismísima hija de Heli, con una amiga, 15 y 16 años respectivamente, vestidas y maquilladas como furcias, perreando a tope. A esto que coge la chavala y llama a su madre, y me la pasa, y yo ahí a las 3 de la mañana, ciega perdida, entre Suecia y Finlandia en un barco, hablando con la mismísima Heli. Lo que me dijo, un misterio.
Ya cuando iban a cerrar la discoteca, decidimos volver a los camarotes. La gente fue desapareciendo poco a poco, nos quedamos Simon, Peppi, Richard, Rufi, Tom, Alba y yo, y el carrito de la compra. Otra vez carreritas por la cubierta, fotos, frío. No quedó ahí la cosa, llevamos el carrito hasta el camarote, lo dejamos en el pasillo. Queríamos acostarnos, pero una fuerza superior nos lo impedía. Esto es, los tíos mierdas estos salidos, y sus ganas de fiesta. Nos encerraron en el cuarto y no nos dejaban salir, que si fulana por aquí, que si comepollas por allá, que si ponte a limpiar. Me tuve que poner seria, mirada de matar, y sólo así pude escapar, salimos Alba y yo corriendo tirándonos por los pasillos y conseguimos llegar al cuarto, silenciosamente porque Madre dormía, nos acostamos pero seguían llamando a la puerta. Me sumí en un sueño profundo, solo interrumpido por los casquetes de hielo que acariciaban suavemente el barco cada poco tiempo.

jueves, 11 de marzo de 2010

DÍA 56: EL DÍA QUE ESTUVE 42 HORAS SIN DORMIR

Día 56
Digamos que el día empezó para mí a las 5 de la mañana, cuando decidí que para dormir media hora, mejor ponerme a preparar sandwiches. Y así lo hice, pues hoy nos íbamos a Estocolmo, y alguien tenía que preparar un piscolavis.
A las 5 y media desperté a Alba, terminamos de hacer la maleta cuando decidimos cambiar y llevarnos la bolsa blanca, pues éramos las únicas que llevábamos maletón.
A las 6 y media salimos hacia la estación de autobuses, para encontrarnos con el mismísimo profesor de inglés, Louis. Todos los que salimos el día anterior estábamos aún ciegos, yo la primera, y no había dormido nada. Ya iban 24 horas. Nos esperaban 8 horitas de autobús, entonces pensé que podría dormir algo, pero no, yo no soy de las que duermo en medios de transporte. Tras uncomfortables miradas, llegó el bus y nos subimos. Todo el mundo dormido, menos yo. Nos sentamos Alba y yo ocupando cada una dos asientos, y en una de las muchas paradas que hicimos, que si a comer, comprar comida, fumar, etc, se subió una pareja y nos dijo que si nos podíamos poner juntas. Bueno supongo que dijeron eso, porque lo hicieron en finlandés, lengua que no domino todavía a la perfección. Así que nos sentamos juntas, sin podernos echar para atrás ni un poquito. También había dos muchachas, echándose capas y capas de maquillaje, PUERTAS parecían, pero recordadlas, porque serán vitales para el siguiente día.
Ya iban 32 horas sin dormir, sentía que me moría a cada paso que daba, cuando llegamos a Helsinki, al puerto. Alli, nos repartieron los billetes para el barco, y Alba pasó momentáneamente a llamarse Heras Luz, Alba. Luego fue oscuridad.
Fotitos de grupo para inmortalizar el momento, y llegó entonces el Richard, hermano del Peppi.
Y subimos al barco. Cruceraco bueno, lujoso, tiendas, restaurantes, bares, máquinas tragaperras en cada esquina.
Bajamos al piso de nuestros camarotes, y tras hacernos toooda la maña, nos tocó ponernos con la madre, pero tampoco nos importó demasiado, tota, soloqueríamos el camarote para dormir, y dormida no te pueden decir THANK YOU!.
Nos fuimos a dar una vuelta por la cubierta del barco, nos dijo Louis que nos lleváramos chaquetón, que hacía fresquete. Pero 10 minutos antes habíamos salido y apenas hacía, así que tras discutirlo, nos lo llevamos para que se callara. Se conoce que nos congelamos, pero para no perder pizquita de orgullo, ni nos subimos la cremallera.
Cuando el barco pasaba por una placa de hielo, porque había placotes de hielo, pensábamos que nos hundíamos. La madre acojonaica, y nos fuimos a dormir la siesta. Pero yo no podía, y ya iban 36 horas despierta, así que ocupé la tarde en dar paseos, fumar, ducharme, momentos místicos viendo atardecer, etc. Entonces Alba despertó y nos fuimos a comprar algo de beber para por la noche. TAX FREE, mis palabras favoritas. Compramos sidra y Salmiakki, ¡ese gran desconocido!, y desde ahora nuestro mejor amigo.
Llegamos a la habitación, saqué mis vasos de chupitos robados del hospital y nos echamos uno, a ver a qué sabía. Luego otro porque estaba bueno. Los siguientes 3 a intervalos de 15 minutos, con alarma para no olvidarnos. Y entonces una sidrita. Y bajamos a cenar.
Cenamos un plato de pasta carbonara, en un restaurante que no sabíamos muy bien como iba, parecíamos catetas, y esque en realidad lo éramos. Y encima estábamos contentillas.
Cuando volvimos al camarote, habitación, llámalo X, seguimos dándole al Salmiakki, con las rusas, porque los chicos tenían fiesta privada en el camarote de los austriacos. Que les den, no les necesitamos para nada. Katy se bebió una botella de Freixenet ella solita, imagina como acabó. Bueno, como acabamos todos.
Sólo decir que, no sé en qué momento de la noche, me sorprendí haciendo Titanic con Katy, en la cubierta del barco, grabando con la cámara, hartica de vivir.
Al final nos acoplamos con los demás, y conocimos al mismísimo hijo de Vladimir Putin, o eso decía el ruso de la habitación de enfrente, y a us dos amigos rusacos con las gafas molonas. Nos hicimos fotos y buenas migas con ellos, demasiada confianza para mi gusto. Luego dicen que la gente del norte es mu cerrá.
Al final teminamos en el bar-casino, con un travelo contando en playback, todo el mundo manoseando, y cuando fuimos a fumar apareció Katy, que horas antes se fue con el hermano del Peppi a nose donde. Entonces pasaron cosas confusas, me enfadé con los chicos porque estaban gilipollas perdidos, me fui a dormir, en esto que apareció Alba que habían tenido que llevar a Katy a cuestas del ciego que llevaba, entonces me dio hambre y nos fuimos a comer y a fumar.
Y después de todo esto, me fui a la cama, a la 1 de la mañana, tras 42 horas sin dormir. Y el día que nos esperaba a la mañana siguiente...

DÍA 55

Día 55
Viernes.
Nos levantamos a las 6 de la mañana para un día de hospital, mi último en la planta antes de pasar a urgencias. Recordad esta hora porque es vital para el récord que establecí horas después.
Desayunamos, le prometí a Alba que le haría un colacao, cuando descubrí que no quedaba leche. Estuvo horas sin hablarme.
Fuimos al hospital y subimos a la planta. Estuve con Pelomuñeca, y me alegró porque era mi último día y quería disfrutarla a tope.
La mañana empezó bien, sondita nada más llegar. Luego hora y media de no hacer nada y luego sacamos medicación. Ya llevábamos un par de cafés cuando decidimos bajar a ver a Ángel y fuimos a comer. Bajamos primero Ángel y yo, pues Alba estaba ajetreadísima en la planta. Cuando bajó, le apetecía una sopita, y vio una cosa semilíquida, pastosa y verde, y pensó ¡qué bien, sopa! y se echó platazo hondo hasta el borde, goticas cayendo, rebosando. Yo le decía "Alba, que no es sopa, que es salsa". Y ella empeñá en que no, que era sopa y se la tomó a cucharones, rebañando con pan hasta la última gotica.
A esto que llegó Salla a comer también y se echó la comida, y un poquito de la sustancia verde por encima. Le preguntamos curiosos, ¿es sopa o salsa? ¡salsa, claro!.
Efectivamente, Alba tomó para comer un suculento plato de salsa, ¡no empalaga!, decía la pobre. "Si es como el puré de calabacín de mi madre, solo que más verde... ¡y no sabe a calabacín!". Dí que sí, nuevas experiencias.
Entonces nos dispusimos a abandonar el comedor, cuando la pobre todavía en éxtasis por el empalague de salsa, no vio un escalón que había y se lo comió de tal forma que quiso hasta besar el suelo, se contuvo y sin mirar atrás, cabeza alta, salimos de allí.
Cuando subimos, busqué desesperadamente a mi Pelomuñeca, pero no estaba. Cuando le pregunté a Ritta que donde coño se había metido me dijo que estaba en una reunión. Me dejó tirada cual perro en una cuneta, así que, siendo las 12.30, comprendí que había llegado mi hora de ir a casa.
Cuando llegué a casa, estuve haciendo cosillas hasta que llegó Alba, cubiertica de nieve, que Ángel le había tirado una bolaca tamaño cabeza.
Estuvimos por la tarde sin hacer mucho, vimos alguna serie, Alba se echó la siesta. El plan era ir a Nellys que había especie de fiesta universitaria, de esas que tienen aquí en Finlandia.
Pero preferimos quedarnos aquí y hacer sesión de peluquería, esta vez para Alba. Le corté y degradé un poco el pelo, con miedo porque ella ama mucho su melena, pero se quedó bastante bien.
Entonces salimos de aquí, Alba con es vestido precioso finlandés. Primero hicimos paradita en McDonalds, a cenar o recenar algo. No eran ni las 9 y ya llevábamos una par de cervezas en el cuerpo, así que llegamos a Nellys y seguimos bebiendo, jugando al billar, a los dardos en la Wii, etc. Luego Cave, más de lo mismo. Hasta que apareció Peppi con unas patatas del Saha que agradecimos bastante, nos las comimos bajo la nieve y fuimos a Bepop, luego volvimos a Cave y luego otra vez a Bepop. Noche movidita, bastantes cosas por la cara. Cuando nos echaban ya de Bepop, nos fuimos para casa, no sin antes comer algo.
Decir que llegamos bastante tarde, y nos quedamos hablando un rato y nos dieron casi las 5. Entonces decidí que, como tenía que levantarme a las 5 y media por el viaje a Estocolmo, no iba a dormir solo media hora. Me quedé despierta, pero eso creo que pertenece al día siguiente.

viernes, 5 de marzo de 2010

DÍA 54

Día 54


Jueves


Nos levantamos a una hora decente, yo resacosa perdida, pobre de mí. Hoy tocaba hospital de tarde, así que nos hicimos la comida, pasta carbonara, y nos fuimos para el lugar. Llegamos puntuales, tras pedir uniformes nuevos porque ya iba tocando, subimos a nuestra planta. Estaban Salla y Anne. Cuando Salla le preguntó si estaba con alguna alumna, ella contestó seriamente que sí, y se marchó. Fui repudiada salvajemente y en mi puta cara, así que no me quedó más remedio que ponerme con Salla y Alba. En verdad mejor, que le den a Anne, ya no me cae tan bien.


La peor tarde de nuestras vidas. Empezó con un relevo de lo más triste, en una sala de 2x2 mirando a la pared durante 3/4 de hora. Le siguió visitilla a Ángel pero sin un triste café, así que nos lo tuvimos que tomar en la planta, un ratito de roneo y unas galletitas la mar de ricas. Luego un poquito de medicación y tras un hábil "tenemos que hablar con Ángel", nos bajamos a visitarle otra vez, con mejores resultados, cafelito y bizcocho, y conocí a la que va a ser mi enfermera las próximas semanas en urgencias, muy maja ella. Nos tomamos un pan sucete también, y volvimos a nuestro trabajo, mejor dicho a buscar el refranero finlandés en el diccionario, aburridicas perdías.


Seguíamos con hambre, así que nos robamos otro pan con queso de la nevera de los pacientes, que por un par de rebanadas no va a pasar na, sed generosos con las españolas. Nos fuimos a explorar los pasadizos secretos del hospital y al volver, nos sorprendimos con las habilidades de Salla con las técnicas enfermeras, que si me tiro estudiando 3 años no es para ver una hemorragia postoperatoria y taparla con tacazo de gasas, chula, que eso se aprende desde el primer día. ¿Qué hacer en caso de hemorragia en un postoperatorio?

a) Levantar y vigilar


b) Llamar al médico


C) Tapar e ignorar


Hasta mi hermana sabe lo que NO hay que hacer.


Se nota que en Finlandia no se estilan las técnicas asépticas, al igual que los dial-a-flows no existen.


Pero por fin, después de 7 horas de suplicio, llegó la hora de irnos, el esperado cigarrito y la sorpresa de que había parado de nevar.


Así que llegamos a la residencia y cenamos, yo la pasta que sobró del mediodía y un poquito de bocata mixto, como los de la cafetería del Civil, pero un poco peor.

Y tras eso me acosté, con el estómago reventado, a las 9.45 porque había sido un día durillo cuanto menos.

DÍA 53

Día 53

Miércoles

Día de Cultural Awareness, arrepentimiento por el ciego del día anterior.

Nos levantamos y nos pusimos en camino.

Al llegar a la universidad, comimos y nos roneamos tutoreando hasta la hora de la clase. Horita y media hablando de Values and Communication, con los deberes sin hacer y con ejercicios estúpidos imaginando un fin del mundo muy improbable.

Cuando terminó la clase, nos quedamos un ratillo por allí pero como estos dos iban a jugar al voleibol, decidí irme, paseito hasta casa, comprando boquillas por el camino y llegando reventaica.

Y que pude hacer, pues limpiar el cuarto. Aspiré, pasé la escoba y la "fregona", hice las camas, etc. Y no es para menos, pues lo que hice antes me obligó a ello. Decidí volver a cortarme el pelo, esta vez me lo "igualé" y "degradé". Si es que la enfermería fue un error, yo iba para peluquera. Pero ¡y lo contenta que estoy ahora con mi pelito corto!

Entonces hice un bizcohcito, de chocolate esta vez. Pero llegaron antes de lo previsto, y el bizcocho recién metido en el horno, así que se comieron unos panes sucios y se les quitó el hambre. Me quedé con toda la cara de tonta, pero entonces llamó Josef a ver si teníamos café, pues Tatu iba a venir a recoger su coche, que dejó aquí el día anterior. Ellos se tomarían mi pastel.

Hice café, me vi un capitulillo de Lost, y se fue pasando la tarde como pudo.

Llegó la noche, y como era miércoles, no podía ser de otra manera. Salimos. Nos arreglamos, tomamos unas cervezas y nos encaminamos a Nellys, con Anni y su hermana Outi, que estaba aquí de visita. Las hermanas perfectas, todo lo hacen bien, se alegran si ganan y también si pierden los demás.

Jugamos al billar, nos tomamos unas cervecitas y luego nos fuimos a Cave. Allí más bebida, miradas incómodas, bailoteos y entonces decidimos irnos. Pero cambié de idea, y me dirigí con Ángel y las hermanas a Bepop, donde me libré de pagar gracias al amable Aleksi, que chulo, tu nombre en España es cuanto menos, merdelloncete. Allí más cerveza y risas, Con Tatu, que cada vez me cae mejor. Me enseñó palabras nuevas en finlandés, me invitó a cigarros y me obligó a ir después a Aleklubi, a lo que tampoco es que opusiera mucha resistencia, pues Ángel me hizo un feo bastante feo y no quería irme tan pronto a casa. En Aleklubi me invitaron a más cerveza y más tabaco, vimos alguna pelea y descubrí que el hígado de los finlandeses no tiene límite: cuando crees que lo has visto todo, descubres a Mimmu metiéndole mano a Tatu, Josef, y en general a cualquier cosa con pene.

Luego un poquito de patatas en el Saha Grill, que qué buenas que están, y tras eso a casa, a eso de las 4 y media, menos mal que al día siguiente no había que madrugar.

DÍA 52

Día 52


Martes



Me levanté a las 6 de la mañana, toda ilusionada por un nuevo día de hospital, después de una semana sin pisarlo. Se suponía que Ángel iba a venir conmigo de mañana, pero se quedó durmiendo el muy vago y tuve que ir sola.

Así que allí me vi, de nuevo con Pelomuñeca, y sin hacer nada en toda la mañana. Apenas pude ronearme, pero eso sí, mi horita para comer no me la quita nadie, al igual que los dos o tres coffee breaks y la última hora cuando Alba llega y yo ya estoy para irme.

Al final no estuvo tan mal, y me fui para casa tan contenta a eso de las 2 de la tarde. Llegué a la residencia y me vi el último capítulo de la temporada del Internado, se conoce que la próxima se titulará algo así como: Pandemia mortal, porque ya es de lo más surrealista.

Después de eso, me puse a cocinar. Iba a preparar una suculenta lasaña, pero se conoce que mi arte en la cocina no llega tan lejos como yo esperaba.

Hice lo que es el relleno, y quedó bastante bien. Luego llegaron estos, y me echaron la bronca por no tenerla lista ya. Pero yo no soy una superwoman chicos, no puedo hacerlo todo. Me puse con la bechamel, y se conoce que no solo basta con verla cocinar a mi madre, tienes que hacerla varias veces hasta que ya te sale bien. Error. Pero bueno, si además añadimos a la lista que la pasta estaba un poquito "al dente" de más, pues podemos decir no que fue un fracaso, pero casi. Al final estuvo hasta buena, y nos la comimos sin rechistar más de la cuenta.

A esta hora de la tarde-noche, ya habían llegado Pekka, Aleksi y Tatu, pues era el cumpleaños de nuestro querido Peppi, 22 añicos que cumplía. Y empezamos a beber, fumar, risotas, animalitos de plástico volando, conejos y cerdos por doquier. Pillamos todos un ciego de los buenos, las rusas descontroladas roneándose con Pekka, un poco fingiendo creo yo, y mientras Aleksi contando batallitas, un hombre al que le gusta ser el centro de atención, como pocos aquí en Finlandia.

Luego íbamos a salir, pero decidimos unos cuantos queadarnos haciendo el cafre en la residencia. Y así lo hicimos, seguimos bebiendo hasta que a las 2 y pico decidimos irnos a la cama.

DÍA 51

Día 51

Lunes

Día de Survival Finnish, nos levantamos y sin desayunar siquiera tiramos para Savonia para comer allí.
La clase era a las 12.15, así que comimos tranquila y prontamente y luego cafelito y para clase.
Aprendimos a decir y preguntar la hora: mitä kello on? Kello on...
Dominio absolito del finlandés ya mismo.
Luego nos fuimos a la residencia y estuvimos por la tarde tranquilamente viendo seriecillas y esas cosas que hacemos cuando no tenemos nada mejor que hacer.
Hicimos más tarde un poco de compra y al llegar cenamos y nos fuimos a la cama, yo iba de mañana al día siguiente así que me desentendí y dormí plácidamente.