lunes, 5 de abril de 2010

DÍA 82

Día 82


5º día de viaje, Rovaniemi-Kemi-Iisalmi


Despertamos en Rovaniemi, a eso de las 9. A lo mejor habíamos ido a la sauna, a lo mejor. Cris si fue, pero nosotros despertamos sin David y por lo menos yo, con resaca.

Bajamos a desayunar, colacaito con crispis, tostadas, yogures, fruta, etc. Mu rico tó. Terminamos de hacer las maletas y luego bajamos a conectarnos un rato. Salimos y David nos alcanzó, venía de pasar la noche con la chica madrileña. Fuimos al supermercado a comprar, primero a uno que no tenía muchas cosas, así que nos fuimos al Supermarket de toda la vida, a comprar algo de comer y el salami de reno. Después de la compra, y tras comprobar que de nuevo podía utilizar mi tarjeta de crédito, nos volvimos al hostal a coger las maletas y nos dirigimos a la estación. Estaba hasta el mismísimo de las sidras, 24 latas a cuestas, que vale que eran baratas. Al final, lo barato sale caro. Espalda rota por lo menos.

Y el tren llegó, cada vez quedaba menos para el fin del viaje, pero no quería pensar en ello. Nos montamos y buscamos un sitio donde sentarnos, osease, el vagón restaurante. Entonces Cris cayó en una cosa: los billetes, aunque fueran de Interraíl, debían haberlos sacado antes de subir al tren, y se pusieron nerviosotes pues no sabían si iba a servir y si el revisor les iba a permitir viajar en esas condiciones. ¿Qué podían hacer? Se escondieron en el baño hasta que les di un toque, señal de que el revisor ya había pasado. Volvimos todos a nuestros asientos y esperamos a llegar a nuestro destino: Kemi, la ciudad del castillo de hielo. Cuando llegamos, hicimos tetris hasta que las maletas cupieron en dos taquillas de la estación, y tras comprobar que habían hecho el gilipollas escondiéndose del revisor en el cuarto de baño, nos pusimos en busca del castillo de hielo. Cuando lo encontramos, nos hizo más ilusión el inmenso lago helado que se extendía delante de nuestros ojos, y no desperdiciamos la oportunidad de homenajear a nuestro querido Dios, Use, y hacerle un muñeco de nieve a imagen y semejanza. Tras una hora o así de hacer el capullo en la nieve, nos dirigimos al castillo en cuestión, y cuando nos percatamos de que la entrada eran 8 euros, ni los intentos fallidos de Juan por colarse nos levantaron el ánimo. Pero aún así intentó colarse, aunque tuviera que significar abandonar el grupo y perderse en una ciudad desconocida. Dibujamos nuestros nombres en las paredes heladas y nos pusimos a buscar un sitio donde comer. Al final acabamos en el suelo, sentados comiéndonos nuestras ensaladas y bollitos y muertos de frío, con los pies calados yo por lo menos, al borde de la cianosis y la amputación. Entonces descubrimos que estábamos apoyados en la pared del hospital de Kemi, y que dentro había cafetería, así que entramos y nos tomamos un café y Juan se pidió una magdalena que tardó como media hora en comerse, y es que él “va a su ritmo”. Después de filosofar acerca de cuántos cafés hacen falta para morir, nos fuimos dirección a la estación, para coger el tren que nos llevaría a Iisalmi.

Tuvimos que sentarnos separados, pues el tren era pequeño e iba medio petado. Nos sentamos al lado de unas niñas David, Rodro y yo, y tras varias coñas de picos entre los chicos, las niñitas no paraban de reírse, y cuando David se puso a deleitarnos con sus frases maestras en finlandés, las niñas estaban al borde del orgasmo. A la pregunta ¿Cuánto queda, da tiempo a Lick un pussy?, decidimos que David estaba teniendo una de sus embolias, pero lo dejamos pasar. Entonces un hombre nos preguntó si nosotros en nuestra casa también poníamos los pies encima de los sofases, le dijimos que sí que es costumbre en España, pero no nos creyó y nos echó miradas asesinas, a pesar de que él apestaba a alcohol. Está feo destrozar el mobiliario sí, pero tú morirás de cirrosis.

Entonces el tren anunció la llegada a Iisalmi. Estaba contenta de volver a casa, y más tan bien acompañada. Llegamos y encontré a gente nueva en el hostel, holandesas por la cara que a día de hoy aún no sé de donde han salido. Deshicimos un poco las maletas y nos pusimos a preparar la cena mientras los chicos se duchaban: pasta con tomate, todo un clásico. Cenamos y vimos vídeos chorras, chorrísimas. Y salimos un rato, a eso de la 1 de la mañana, hora española por excelencia. Fuimos a Cave, y allí estaban Josef, Sabina, Ansku, Marko, Simon, y más gente. Y lo más importante: la mesa de blackjack. La de veces que la he visto e ignorado, pero claro el efecto novedad, y sabiendo el historial que llevaban con las máquinas tragaperras, no es de extrañar que le dedicaran toda su atención a la crupier y a las cartas, a pesar de que no hablaba ni papa de inglés. Nos tomamos una sidrita y unas cervecitas y estuvimos un rato conversando amenamente con la gente, pero nos fuimos al poco tiempo porque estábamos reventados.

Y llegamos al hostel, nos repartimos las camas, David, Cris y Juan en mi cuarto y Rodro y yo en el de Ángel. Tras el show de tener que meter el sofá-cama en el cuarto, nos fuimos a dormir, a soñar con angelitos y embolias.

DÍA 81

Día 81
4º día de viaje: Rovaniemi
Despertamos en el tren, camino de Rovaniemi. Bonito despertar, sin duda. Fuera todo blanco y nosotros con unas ganas de bajarnos que pa qué. Recuerdo que me tiré todo el día de después con la sensación de estar todavía montada en el tren.

Llegamos al destino, bajamos en la estación y fuimos a por los billetes para el día siguiente. Y entonces nos dirigimos al hostel, nos costó un poco encontrarlo, subiendo por cuestas empinadicas, y cargados con las maletas y toda la bebida. Dejamos las maletas y nos dispusimos a buscar algo que hacer en Rovaniemi. Todo jodidamente caro, que si los huskies, que si las motonieves. Al final, después de una hora dando vueltas, nos decidimos por lo único asequible y disponible que había. La señora dueña del hostel nos llamó a un taxi y nos llevó a una granja de renos, con un personaje de lo más curioso. Vestido con el traje típico de conducir renos, nos presentó a toda la manada y nos dio una vuelta en el trineo. Aquello iba lento, pero era agradable. Un poco timo, pero que le vamos a hacer. Luego alimentamos a los renos, aunque Juan hizo algo más, quiso follárselos hasta que nuestro amigo lo vio y le recomendó ir al médico.
Entonces el tío, tras explicarnos como hacer para matar un reno usando un hacha, una navaja, o el poder de tu mente; nos invitó a un cafelito en su casa, nos dio la licencia de conductores de renos y cuando hubimos terminado, nos llevó a la ciudad de Papá Noel.

Llegamos emocionaicos perdíos por conocerle. Nos encontramos un grupo de españoles, nos hicimos fotos con ellos y entramos a ver al mismísimo Santa Claus. Ahí dentro era todo muy raro, psicodélico, duendecillos y enanitos por todas partes, cartas no entregadas, fotos de las Spice Girls y 69 Eyes con Papá Noel… todo muy extraño. Pero ahí que entramos, le dimos la mano y conversamos un rato con él. Nos hicimos la foto de rigor, que luego cobrarían a precio de oro y salimos de allí, contentos porque íbamos radiantes de felicidad.

Una vez fuera se revolcaron por la nieve, hicieron calvos, nos tiramos bolas de nieve y nos fuimos a hacer compritas de recuerdos y llamamos a un taxi para que nos recogiera.

Teníamos claro nuestro siguiente destino: el McDonalds más al norte del mundo entero, solo para que nos dieran la postalita de recuerdo. Un McDonalds corriente, como los de toda la vida, pero está la ilusión de visitar un sitio tan místico.

Después nos acercamos a un centro comercial que había al lado, miramos ropa, zapatos, los chicos echaron dinero a las maquinitas, y acabamos yendo a un lugar mágico, el bar de Lordi. Un bar-kebab de lo más siniestro, decorado con muertos, calaveras, sillas puntiagudas. Nos tomamos un café y nos fuimos de allí, nos hicimos alguna que otra foto, intenté por todos los medios sacar dinero, y volvimos al hostel. Por el camino guerra de bolas de nieve, alguna que otra caída, y un poco de rodeo que dimos, pero llegamos sanos y salvos y nos tomamos un chupito de Salmiakki.

A eso de las 8, salimos dirección centro, para ir a cenar reno. Nos habían dicho un restaurante muy bueno, Nili, así que nos pusimos a buscarlo, y cuando lo encontramos vimos otra sorpresa: un paquete de LM mentolado llenito en la puerta. Magnífico.

Entramos y nos prepararon una mesa, vimos los baños más curiosos que se pueden imaginar, y de entrada nos pusieron unos cócteles de arándanos, cortesía de la casa, y luego un chupito de tuétano cocido de reno o una cosa así. Estaba buenísimo, aunque Cris se quemó la lengua.

Pedimos 3 platos para los 5, reno y salmón, y una botella de agua. Riquísimo todo, nos quedamos con ganas de más pero decidimos que había sido suficiente. Entonces nos fuimos a tomarnos una cervecilla, entramos a un bar con buena pinta y letreros en español, pero nos fuimos porque al lado había un sitio todavía mejor, aunque nos pidieron 10 euros para entrar y sin consumición, a lo que declinamos amablemente la entrada y nos fuimos en busca de otro lugar, le preguntamos a una chica y nos recomendó Tivoli, así que para allá nos fuimos. Entramos gratis y al principio un poco rollo, la cerveza y la sidra eran baratas y conseguimos una mesa donde sentarnos. Después de algún que otro mal rollo, se sentó a nuestro lado un grupo de chicos y chicas, de unos 18 años, y mientras David se intentaba hacer a una, otro intentaba hacerse a Cris, entonces conocimos a unos españoles de Zaragoza, de Erasmus en Rovaniemi. Todos muy majos, entonces Cris y yo fuimos a fumar y cuando llegamos nos encontramos a Rodro y Juan hablando con los chicos finlandeses, que les estaban enseñando frases estratégicas para ligar: Saanko nuola pillua, minulla on iso kyrpa, y más que no quiero ni recordar, todas con significados obscenos. Entonces en algún momento fuimos al baño Cris y yo, y escuchamos a David con la tía, y pensamos “mira este, que ha ligado”, pero cuando salimos y vimos a la tía potando en el lavabo, dedujimos que algo no terminaba de ir bien. Cuando empezaron a ponerse pesaetes, nos fuimos a la otra parte de la disco, con otro tipo de música, y estuvimos allí bailando hasta que cerró, a eso de las 4 de la mañana. Los chicos todo emocionados con nuestro nuevo amigo, Bart, el maño friki y fumeta, con tantos puntos en común que hasta daba miedo. David con su española y Juan con su finlandesa, yo con Rodro y todos felices. Nos fuimos al hostel a comer, que estábamos esmayaicos y nos fuimos a la cama, me quedé en al habitación de los chicos para no despertar a Cris, que se había vuelto antes, y puse el despertador para la sauna al día siguiente, aunque significaría dormir 4 horas y como que no, ya habría más ocasiones.

DÍA 80

Día 80

3er día de viaje, Tallín.
Nos levantamos cansaicos, Cris más madrugadora había ido a la sauna, yo me había quedado durmiendo, y los chicos aunque más tarde también subieron a relajarse un rato al calorcito.
Yo me quedé desyaunando, mientras Cris se iba al centro a comprar una camiseta para su hermano. Me tomé mi café con tostaditas y me arreglé, y cuando estuvimos todos terminamos de hacer las maletas para dejarlas en recepción, pues nos íbamos a Tallín a pasar el día.
Así que nos fuimos al puerto, con la hora pegada al culo como siempre, compramos los billetes y subimos al ferry. Bonito, porque era bonito y grande, lleno de gente que esperaba ansiosa la apertura del Tax Free para ponerse hasta el culo de alcohol bien entrada la mañana. Y entre esa gente nosotros, deseosos de probar ese dulce Salmiakki, mojarnos los labios con ese néctar de los dioses. Al final solo a Cris pareció entusiasmarle tanto como a mí, así que decidimos que compraríamos más tarde más botellas para la vuelta.
En el ferry salió el sol, hacía un día precioso, mejorado por la compañía, y es que estaba contenta, porque estaba radiante y feliz de estar con mis amigos. Las dos horas y media que duró el trayecto se pasaron rápidas, y es que el tiempo pasa volando cuando se goza.
Llegamos a Tallín y cogimos un autobús del puerto al centro, y tras situarnos en el mapa, con el dinerito ya cambiado, nos pusimos a buscar un restaurante que nuestro queridísimo Use nos había recomendado. Unos crepes riquísimos que nos comimos tranquilamente, servidos por una camarera de lo más borde, y es que la gente en Tallín no es muy amable que digamos, sobre todo las tías, que serán muy rubias y muy guapas pero estúpidas un rato.
Filosofamos acerca del origen de las embolias de David, que se hizo pasar por malito un rato. Contamos chistes amenizando el paisaje y vimos la ciudad, que se recorre en un rato.
Nos dividimos sin querer, pasó un rato hasta que nos volvimos a encontrar, y estuvimos visitando un par de iglesias, algún monumento, un mirador desde donde se veía toda la ciudad. Tallín es una ciudad muy bonica, tiene su encanto, siempre la recordaré como algo mágica, y el día que vuelva volveré a sentir lo que sentí el día en que estuve mirando por ese mirador cogida de la mano de alguien especial, rodeada de gente maravillosa y chinos poniéndose en medio en las fotos, mientras se nos hacía tarde y no sabíamos como volver al puerto.
En el camino de vuelta Rodro me compró una rosa, pero no me la quería dar. Nos adelantamos con David, que había perdido su billete y debían utilizar todas sus habilidades diplomáticas para conseguir uno nuevo.
Llegamos al puerto y nos encontramos un ciste trannnquilamente posado sobre un charco, mientras unas alegres palomas le quitaban la roña a picotazos. Juan quiso darle por culo, pero el cisne ni se movía, y cuando lo hizo, se fue al charco que tenía meido metro más alante y se quedó así, quietecico y sin molestar a nadie.
Cuando nos encontramos todos en las taquillas, resutla que David tenía dos billetes pero no había pagado ninguno, y.. cómo podía ser esto? Pues algo de que se había encontrado a una mujer que le había dado uno y a otra chica que le había dado el otro. Así que ahora David tenía dos billete, ah no, tres, porque instantes después encontró el suyo, el original, detrás de la tarjeta de la seguridad social.
Y nos montamos en el ferry, algunos durmieron, otros vimos unhermoso atardecer, mejorado con una bonita rosa y compramos alcohol para la noche.
Cuando llegamos a Helsinki y al hostel, nos encontramos con unos españoles que nos aconsejaron para nuestro viaje a Rovaniemi. Hablamos un rato con ellos y partimos rumbo a la estación de trenes. Miramos los horarios para los días siguientes y subimos al tren, nos instalamos en nuestras amplias y cómodas habitaciones y nos fuimos al vagón restaurante a cenar. Abrí un jamoncito de los que me envió mi mamá, gracias mamá, si algún día lees esto, te quiero. Unos sandwichitos por aquí, unos calamares en salsa americana por allá, una sidrita para amenizar y volvimos a las habitaciones. Pero eran muy estrechas, y no cabíamos apenas todos en una con las camas abiertas y tal, así que decidimos ocupar una vacía. Jugamos al yo nunca, bebimos Salmiakki y una bebida rara que nos compramos en Tallín y todo iba de maravilla, de lujo, hasta que llamaron a la puerta. Todo guarreado, negro por culpa del Salmiakki, latas por el suelo, la cama medio deshecha, y entró un revisor con cara de pocos amigos: "What the fuck are you doing here?!". Nos cagamos, pensábamos que nos echaba del tren, que nos haría pagar una multa desorbitada o que nos violaría allí mismo. Nada de eso, nos puso una multa sí, pero de 13 euros. David le arrojó un billete de 20€ con su estilo propio, y con un "tienes cambio?" dejó al tío hechico peazos, se fue cabizbajo y decidimos seguir la fiesta en una de nuestras habitaciones. Pero ya no era lo mismo, estábamos apretados y decaídos, aunque Cris seguía pidiendo Chalmiakki!! subida en el estante para las maletas, cómoda, porque se conoce que estaba agusto. Pero al rato nos fuimos Rodro y yo a nuestro cuarto a dormir, todavía nos quedaban unas cuantas horitas de tren y queríamos estar descansados para el día siguiente.

DÍA 79

Día 79


2º día de viaje, Helsinki.

Nos levantamos pronto porque nos íbamos a la ¡sauna!. Emocionadicos perdíos subimos a la 6ª planta donde se encontraba el lugar y Cris y yo nos fuimos desnudando, nos duchamos y entramos. Después de un rato de sudor y confesiones a 80º salimos, otra ducha y a la habitación a por el desayuno. Café instantáneo, galletas y tostadas con jamón y queso. En eso que me puse a hacerme las planchas y a arreglarnos y tal. Era el segundo día que estaban aquí y apenas había tenido un momento a solas con Rodro, esperaba ansiosa que eso cambiase. Pero de momento me tenía que conformar con algún roce de mano y alguna palabra bonita en el aire. Cuando estuvimos todos listos nos fuimos para coger el tranvía, a visitar la ciudad. Todavía teníamos el ticket de un día y no pensábamos pagar nada más en lo que quedaba de viaje. Nos bajamos en la catedral de Helsinki, muy bonita por fuera pero bastante austera por dentro. Una espesa niebla nos acompañaba en el camino, y las calles medio blancas con la nieve y el hielo ya derritiéndose. Subimos las escaleras modo Rocky, hasta casi tocar el cielo. Conocimos a un finlandés muy majo que nos hizo una encuesta, mojándonos en medio de la calle. Después de la visita nos fuimos a un museo de cosas finlandesas, con una especie de cine y cosas raras. Tocamos pelito por primera vez, a un reno disecado en una tienda, y entonces nos fuimos a caminar por las calles de Helsinki. Fuimos al puerto, nos hicimos fotos, Juan arriesgando su vida en el mar helado, alguna que otra iglesia. Y entonces nos fuimos a comer sushi, porque lo vimos de casualidad. Los chicos comieron de eso y mientras nosotras trazábamos un plan para visitar la ciudad. Después nos fuimos al Hesburguer a comernos nuestras ensaladas que nos habíamos comprado por la mañana, y entonces proseguimos nuestro camino. Llegamos a una iglesia de piedra, pero que tampoco tenía nada del otro mundo. Luego vimos el parlamento y los chicos escalaron una montaña. Luego teníamos los pies calados, así que decidimos ir al hostel a cambiarnos, ya que más tarde habíamos quedado con Use. Volvimos al hostel, luego de vuelta al centro, amortizando el billete de un día, y nos fuimos directamente a ver a Use. ¿Quién es Use? Pues ni más ni menos que un amigo de Cris, un chico bien simpático que un día tuvo la desgracia de toparse con nosotros, y a partir de entonces su vida no volvería a ser la misma. El caso es que estuvimos todo el viaje con la coña de Use, el todopoderoso, nuestro Dios.

Nos llevó a una cafetería a tomarnos un café, según cuenta la leyenda si rellenas el café te dan 5 céntimos, osea que si te tomas 20 cafés lo amortizas, pero el caso es que no vimos un céntimo por nungún lado. También nos enseñó un parque con una estatua, nos calamos enteros, y los chicos se montaron en un columpio en lo alto del lago, arriesgando sus vidas.
Y llegó la hora de volver al hostel, compramos algo de beber para la noche y nos pedimos unas pizzas que estaban de oferta. Pizza de reno, eso sí, el reno enseñado, pero algo es algo. Estaban buenas, y de en esta noche tiene origen la teoría de las embolias, cuando estando todos trannnquilamente cenando, de pronto David empezó a reír sin poder parar, y llegamos a la conclusión de que había tenido una embolia, que de ahí venían esos ataques de risa incontrolables, y ya nada volvió a ser lo mismo.
Y entonces salimos, Use nos había recomendado un par de sitios, así que fuimos a probar suerte. Primero Amarillo, que estaba cerrado. Luego al bar de hielo, que también estaba cerrado. Entonces nos encontramos a dos chicas francesas, una se nos acopló de mala manera, que no es que me importase, pero yo quería estar con mis amigos, y no con una desconocida. Pero bueno, terminamos yendo al bar gay que nos recomendó Use, un sitio bastante guay pero bastante caro. Tenía ordenadores, pista de baile, cuartos de baño de lo más psicodélicos, cuyos carteles en vez de chicos y chicas, decían gays y lesbianas.
Estuvimos bien, pero en algún momento de la noche alguien invitó a la chica francesa a venir a dormir al hostel. No lo dijimos en su momento, pero chicos, si alguna vez leéis esto, nosotras también teníamos cama supletoria.
El caso es que volvimos, la chica francesa tenía dificultades para andar, yo lo que quería era llegar y acostarme, que estaba reventaica.
Cuando llegamos me fui al baño, y la chica francesa me alcanzó y se disculpó si había echo algo malo, le dije que no, que estaba todo ok.
Y me fui a la cama, cansada pero contenta.

DÍA 78

Día 78


Domingo, 28 de Marzo de 2010. Comienza mi viaje.

Me desperté a las 6 o así después de no haber dormido apenas dispuesta a coger un tren, que me llevaría a mis amigos. A decir verdad, me despertó un knock knock en la puerta, Peppi con ganas de más fiesta con afterparty en la cocina de la residencia se acordó que debía coger ese tren, y decidió despertarme. Me desayuné mi colacaito con crispis con gente dándome por culo, que si porque estoy de mal humor cuando me levanto, que si porque no me bebo una cerveza para desayunar, etc, etc. Entonces terminé mi maleta y me fui, a la estación vacía y medio nevando que estaba. El tren llegó puntual, como todo aquí en Finlandia. Me monté en mi asiento y vagón y me dispuse a dormir un rato, me acompañaban sendos sándwiches y zumitos. Tras un leve sueño me levanté confusa, y me fui a fumarme el primer cigarro de la mañana. Tenía tabaco de sobra, y más sabiendo que me iban a traer un cartón calentito de España. Las horas iban pasando, y por la ventana podía ver el paisaje nevado como de costumbre, los árboles blancos y las casitas como de cuento. Cuando una voz femenina anunció que llegábamos a Helsinki se me revolvió todo, tenía tantas ganas de encontrármelos que no cabía en mí de gozo. Casi me olvidaba del dolor de la pierna, pero ahí estaba, persistente.
Fui primero a preguntar por los billetes a Rovaniemi, y luego fui a dejar mi equipaje a las taquillas, pues me esperaban unas cuantas horas de no hacer nada por allí. Me visité todos los centros comerciales de Helsinki, buscando desesperadamente un cuarto de baño en el que no tuviera que pagar. Cuando lo encontré e hice mis necesidades, recibí ese toque que tanto había estado esperando, el que anunciaba la llegada de mi gente.
Así que me fui, lloviendo como estaba y me fumé varios cigarros esperando en la puerta de la estación de trenes, sonrisa en la boca incluida, pero no llegaban. Me fui para dentro y me llamaron, entonces los vi: Juan y Rodro esperando en mitad de un hall lleno de gente, que ni se imaginaba las ganas que tenía de un abrazo y quizás algún beso furtivo. Los saludé con un caluroso abrazo y esperamos a Cris y David, que se habían separado para buscarme. Cuando llegaron, más abrazos y besos y nos fuimos para el hostel.
Llegamos a donde se cogen los tranvías, y mojaicos, porque estábamos mojaicos, nos compramos un billete de un día, que no estábamos seguros de si íbamos a aprovechar o no. Nos montamos y llegamos al hostel, después de pasarnos la parada y tener que caminar algunos cientos de metros, y tras preguntarle a un conductor que poca idea tenía de inglés. Nos acomodamos siguiendo las instrucciones de una recepcionista hispanohablante, muy maja ella, y tras relajarnos unos instantes, algún que otro chupito de ron miel, nos pusimos a preparar la cena, después de ir al super a comprar las cosas necesarias. Nos preparamos una pasta con tomate y nos la comimos en el cuarto de los chicos, miraditas y juegos de manos no podían faltar, y es que después de dos meses y medio no podía ser de otra manera. Tras la cena nos dirigimos a la ciudad a dar una vuelta. Nada especial, caminamos por las calles, corrimos detrás de tranvías, cervecita en un pub irlandés, tocar pelito, búsquedas de bares helados. Nos volvimos pronto al hostel porque estábamos reventados, y nos fuimos a la cama sin ningún tipo de contratiempo.

DÍA 77

Día 77

Sábado, nos despertamos yo por lo menos resacosa, después de la noche anterior. No comí nada, y es que teníamos fiesta en la sauna.
Llegamos y aquello parecía un banquete. Comida allí y acá, cosas super raras y bonitas, varios tipos de ensaladas. Habían como 12 platos distintos, pa picotear, pues después de probarlos todos no había ninguno que dijera: "de este me comía miles", y es que la comida finlandesa ya se sabe que no está muy allá.
Pero aún así me hinché de comer, el postre delicioso y cafelito, y después a la sauna. Me metí con las polacas, desnuda porque yo iba en cueros, y estuvimos allí un ratito conversando amigablemente. La verdad es que me sentó estupendamente, y cuando terminamos, me fui con Alba a comprar cosas para mi viaje, porque al día siguiente me iba a Helsinki con mis amigos.
Citymarket cerrado, así que me tuve que ir al Siwa o como se llame, a precio de oro. Compré lo que me hacía falta y nos fuimos para casa, vimos unos cuantos capítulos de perdidos, me hice la maleta, metí música en el móvil, y emocionadita perdida me fui a la cama, a eso de la 1 de la noche, pensando en lo que me esperaba al día siguiente.

DÍA 76

Día 76
Viernes, Cultural Awareness. La clase era a las 14.15, así que nos levantamos y nos hicimos una comidita rica en casa, nos ahorrábamos el dinero de comer fuera y las horas esperando en Savonia.
Fuimos andandito a la universidad, y llegamos con la hora pegada al culo, buscamos la clase de Marjatta y tomamos asiento. La clase más aburrida de la historia. Primero, un profesor ruso que hablaba peor inglés que yo, se tiró 3/4 de hora explicando las costumbres y la cultura rusas, pero de una forma que yo me quería morir de aburrimiento. Luego vinieron varias presentaciones, entre ellas la de los héroes españoles según Ángel, que puso al Cid Campeador pero se le olvidó poner a Fernando Alonso. Menudo despiste amigo. Le siguió la presentación de dos diapositivas de las finlandesas, que a Alba escandalizó profundamente, ¡dos diapositivas!. Y para finalizar, el toque mágico, La Quinta haciendo propaganda de la iglesia católica, explicándome los salmos, las sagradas escrituras, un coñazo de media hora hablando de misas y santos. La clase más horrible de la historia.
Cuando salimos, fuimos a imprimir unos cuantos temas de geriatría, pues el examen estaba próximo y nos quedaban cosas por sacar.
Cuando terminamos de todo nos fuimos para casa, comprando algo de beber para la noche.
Llegamos a la resi y nos pusimos a ver alguna serie, un par de Lost y a pasar la tarde tranquilamente. Por la noche nos pusimos a beber, varios zapatos acabaron tirados por la ventana. Y más cosas que no recuerdo, pero lo que sí sé es que acabamos cieguecillas. Así que nos fuimos a Cave, y estábamos todos, no faltaba ninguno. Bebimos y bebimos y sólo cuando Tatu nos invitó a un tequila, decidí que era el momento de parar. Entonces después de aquello decidimos irnos a casa, pasando antes por Maribella, me compré un showarma pero no llegué a catarlo, ya que me tuve que ir corriendo al baño a potar, que malita me puse madre mía, nosé ni como llegué al hostel, solo recuerdo imágenes sueltas mías sentada en el váter y vomitando en el lavabo, lo más triste que se puede uno imaginar. Al final conseguí llegar a la cama, Alba y Ángel picados a muerte conmigo, y me dormí tras dar vueltas y más vueltas.